jueves, 27 de marzo de 2014

Si algo no tenía el Cura Hidalgo era ser anciano como se ha dicho infinidad de veces. Un comparativo de edades.

    Desde hace años, cuando se comenzó a idealizar al "Cura de Dolores", al "Padre de la Patria", al "Inmortal Hidalgo", alguien por ahí se hizo la idea y, peor aun la difundió, de que Hidalgo era un anciano, de allí surge ese mito del Anciano de Dolores, como en ocasiones se le llegó a nombrar o, en todo caso, como la idea que se hizo en torno a la figura de Hidalgo. Quizá esa idea surge cuando se le da el título de Padre de la Patria y, como padre que era, se pensó que era un anciano, solo que, una persona que tiene 57 años no es precisamente un anciano. En la actualidad las etapas de la vida de un hombre se dividen en tres, esa llamada vejez, se le conoce por el (casi) poético nombre de "tercera edad" y comienza a los 65 años por lo tanto Hidalgo no era un anciano. 

    Es en esa base que hago este ejercicio, con la idea de que, una vez bajados del pedestal, de la imagen de bronce y vistos ellos, los Héroes de la Independencia como hombres de carne y hueso, hagamos un comparativo de edades para darnos cuenta de que en el movimiento de insurrección, lo que menos hubo, fue ancianidad. 

Nombre:                              Nacimiento-muerte            Años cumplidos en 1810.

Miguel Hidalgo y Costilla           1753-1811                                57
Félix María Calleja                      1753-1828                                57
Juan Antonio Riaño                    1757-1810                                53
Miguel Domínguez                      1756-1830                                54
José Antonio Torres, El Amo    1760-1812                                50
Hermenegildo Galeana              1762-1814                                52
Leonardo Bravo                          1764-1812                                46
José María Morelos y Pavón     1765-1815                                45
Ignacio Allende                            1769-1811                               41

Mariano Matamoros                  1770-1814                                    40
Ignacio López Rayón                 1773-1832                                    37
Josefa Ortiz de Domínguez       1773-1829                                    37
Juan Aldama                               1774-1811                                    36
Albino García Ramos                 1774-1812                                    36
Pedro Moreno                             1775-1817                                    35
Víctor Rosales                             1776-1811                                    34
Mariano Jiménez                        1781-1811                                    29

Vicente Guerrero                        1782-1831                                        28
Mariano Abasolo                        1783-1816                                        27
Agustín de Iturbide                      1783-1824                                        27
Guadalupe Victoria                     1786-1843                                       24
Nicolás Bravo                              1786-1854                                       24
Andrés Quintana Roo                 1787-1851                                       23
Leona Vicario                              1789-1842                                       21
Francisco Javier Mina                 1789-1817                                      21

  Las imágenes que acompañan este artículo las tomé del libro de Pedro González, Apuntes históricos de la ciudad de Dolores Hidalgo, Imprenta Económica, Celaya, 1891.

martes, 25 de marzo de 2014

Estela de la Ruta de Hidalgo 194 ¡Encontrada!, Ex hacienda Agua Nueva, Coahuila.

    Nuevamente, gracias a un lector de Cabezas de Águila, podemos decir ¡Cabeza encontrada!, en este caso la correspondiente a la Ex Hacienda de Agua Nueva en el municipio de Saltillo, Coahuila; se trata de la estela número 194 del conteo que yo llevo. Será bueno aclarar que, originalmente, al organizar la Ruta de Hidalgo, me basé en lo escrito por el Prof. Jiménez de la Rosa, que no es una publicación oficial del Sesquicentenario, como quiera, es lo más aproximado al trazo de la ruta, por lo que este número que yo asigno es el más próximo a lo que pudiera ser la realidad.

   La fotografía de esta Estela me la hace llegar Isaac Franco, me comenta que está en lo que ahora es la plaza pública de esa comunidad, que era la pila de la hacienda y que la hacienda está en ruinas. La escultura se encuentra en buen estado, pero no tiene el pedestal completo, como oficialmente debería estar, sino solo un, digamos, túmulo de apenas un metro de altura. Recuerdo que en otros puntos de Coahuila sucede igual, como en Ramos Arizpe y Tanque de Vacas.



   


sábado, 15 de marzo de 2014

Monumento a Guadalupe Victoria en la ciudad de México. Y lo que fuera el Panteón de Santa Paula.

 319.- Marco este monumento con el número 319 porque aun no siendo dedicado a Hidalgo, él aparece al lado izquierdo; se trata de un curioso monumento al que fuera el primer presidente de México: Guadalupe Victoria. Se localiza a espaldas del templo de Santa María la Redonda, sitio en el que, hace tiempo, se localizaba el Panteón de Santa Paula. Ahora ese panteón es en parte banqueta, andador, parque y lateral del Paseo de la Reforma Norte. Allí fue sepultado originalmente José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, más conocido como Guadalupe Victoria; bueno, eso dicen, y que es la razón por la cual decidieron colocar allí el monumento, para recordar que allí, por breve tiempo, descansaron sus restos. Pero hay un detalle, las biografías de Victoria no dicen que estuviera sepultado allí, más aun, leyendo la descripción que sobre ese campo florido hizo Manuel Rivera Cambas, menciona solamente el dato, anecdótico, de que allí fue sepultada con honores la pierna de Antonio López de Santa Anna, no menciona nada del primer presidente de México. Creo que estamos ante un caso más de desconocimiento de la vida de los personajes de la Independencia y sus monumentos.

   "Desde épocas lejanas fue mal recibida la práctica de sepultar cadáveres dentro de las poblaciones y de los templos, con perjuicio de la salubridad pública; pero solamente se consiguió que los cadáveres sacados de los hospitales y otros de pobres, fueran enterrados en sitios algo distantes del centro de la población; los gobiernos simularon la transgresión de las prescripciones higiénicas, hasta que en 1842, órdenes terminantes arreglaron el establecimiento de cementerios en la capital y en los Estados. El panteón de Santa Paula, en el verdadero sentido de la palabra, fue construido después de los de San Fernando y San Diego. Este panteón, situado en el mismo lugar donde antes estaba el campo santo de Santa María la Redonda, fue uno de los de más nombradía en esta capital.

  Establecido el cementerio de Santa Paula por el Arzobispo D. Alonso Núñez de Haro y Peralta, fue propiedad del Hospital de San Andrés para que allí se enterrara a los infelices que fallecieron en el establecimiento. Entonces era simplemente un campo rodeado de muro, con una pequeña capilla para los sufragios que se quisieran hacer por los difuntos; la yerba crecía sobre los sepulcros abandonados y si algunas personas notables elegían aquel campo para morada, era para mostrar humildad. Hasta 1836 fue declarado cementerio general con el título de Santa Paula, poniéndose de acuerdo el Ayuntamiento y el vicario capitular; comenzó a servir al público el 19 de noviembre de aquel año y se ejecutaron algunas obras para hacer el lugar propio para su destino y digno de la capital, queriendo formar un panteón; las obras empezaron en marzo de 1837 y siendo vasto el proyecto no se terminaron.

   "Ya desde el siglo pasado se había dedicado solemnemente el cementerio o campo santo del camposanto con la capilla situada en su centro para servir al hospital de San Andrés, el paraje escogido para ese campo santo se llamaba de Santa Paula y estaba fuera de la acequia madre y de poblado. La mañana del 25 de febrero de 1786 se dirigió a este sitio su Illma. acompañado de varios canónigo, y en la puerta lo esperaban con cruz, ciriales y acetre, el examinador del Arzobispado, D. Juan Rodríguez Gallardo, el rector de la Universidad y el cura de Santa María la Redonda, sus vicarios y otros muchos sacerdotes; el señor Arzobispo vestido de medio pontifical asistidos por varios eclesiásticos con capas pluviales, bendijo solemnemente la capilla y después el cementerio, con arreglo a lo dispuesto por el pontifical romano; después de la bendición cantó la misa solemne el capellán D. Isidoro J. Blanco. A esta función asistieron porción de personas distinguidas y gran número de individuos del pueblo.

  La capilla fue titulada del Salvador, tuvo de largo diez y seis varas y ocho de ancho con igual número de alto; adornábala un retablo y mesa de altar para decir misa, se habían hecho treinta y cinco sepulturas por si algunas personas pudientes tenían la humildad de mandarse enterrar en ellas. El cementerio midió al principio doscientas setenta varas de largo y ciento cuarenta y una de ancho, dimensiones que después crecieron considerablemente; sus paredes eran de cal y canto, de cinco varas de altura y se construyeron dos habitaciones para los sepultureros. Con la campana que estaba en la capilla era llamado el vicario de la Parroquia de Santa María, cada vez que llevaba el carro cadáveres del hospital, siendo de notar que esos cadáveres eran conducidos solamente por la noche; a la luz de las linternas verificábanse las exequias en la forma debida y al oír el toque de la campana, todos hacían sufragios por aquellos a quienes se les tributaban las últimas ceremonias". 

  "El panteón de Santa Paula ocupaba una superficie de treinta y siete mil quinientas varas cuadradas, su forma era de un paralelogramo, cuyos dos lados mayores están de Oriente a Poniente; tenía dos entradas, la principal hacia el Oriente y la otra en el costado del Sur. La compra del terreno y la construcción de la capilla, costaron cerca de quince mil pesos, pagados por el señor Arzobispo. Ese panteón, llamado también campo de San Andrés, fue el más amplio de la capital durante muchos años, y no ha acabado de ser destruido sino hasta el año pasado de 1881, aunque no se enterraba allí hacia diez años, con motivo de la aplicación de las leyes de reforma.

  La construcción de los nichos se extendía en gran parte del perímetro, pero quedaba un lado en que nada se había formado. Los nichos o sepulcros estaban colocados en tres órdenes horizontales debajo de un portal techado por vigas y sostenido por columnas de cantería, formando un tránsito para que el sitio pudiera visitarse con comodidad; el número de nichos llegó a mil seiscientos sesenta y cinco; en junio de 1858 quedó casi destruido el panteón, a consecuencia del temblor. En un grande osario eran encerrados los restos extraídos de los nichos arrendados.

   "Una de las ocasiones en que sirvió mucho aquel panteón, fue en la invasión del Cólera en el año de 1850, cuya epidemia duró en la capital setenta y nueve días, desde el 17 de mayo al 2 de agosto, hubo treinta mil seiscientos treinta casos y fallecieron siete mil seiscientos de los atacados, siendo por término medio noventa y ocho los fallecimientos diarios en ciento setenta y nueve casos que acontecían poco más o menos. El cólera comenzó por cinco casos, ascendió hasta seiscientos treinta y uno en el trigésimo segundo día y en el último se dieron otros cuatro. A esa epidemia no se le puede señalar con exactitud el día que comenzara, pues desde el 28 de abril se enfermó de ella en la calle de Venero Josefa Huidobro y el día cuatro en la calle de la Buena Muerte Antonio Tovar; se siguieron otros muchos casos, siendo de notar que la epidemia comenzó a desarrollarse por el Oriente de la capital; del 10 al 30 de junio llegaron a morir diariamente doscientas personas, y el 24 de ese mes, día de mayor mortandad, fallecieron doscientos noventa y ocho.

  Para enterrar tanto cadáver, se abrían anchas fosas que en la noche eran cerradas, dejando en el interior la multitud de cadáveres, además de los que eran depositados en las gavetas y sepulcros en el gran patio. Cuando fue destruido el panteón, se temió que aun quedaran miasmas y que la terrible fiebre del cólera volviera a aparecer, pero felizmente no ha sido así. Ese panteón estuvo de moda durante muchos años, allí eran enterrados los vecinos más notables, en su centro se elevaba una bonita capilla que aun se conserva en pie; los pilares situados frente a la puerta principal, tenían esculpidos los caracteres y signos de la muerte: canillas, calaveras, esqueletos y también signos de la iglesia, como tiaras, cruces, hisopos y otros, todo lo cual impresionaba mucho al penetrar en aquel recinto de la muerte.

  "El panteón de Santa Paula estaba rodeado de altas tapias y de una ancha acequia, sobre la cual había un puente de madera que servía para la entrada; al penetrar seguía una calzada enlosada con balaustrados de mampostería a uno y otro lado, con hileras de naranjos, rosales, mirasoles, jazmines y violetas, y en el fondo aparecía la capilla mortuoria. Al rededor del cementerio había una extensa galería en cuyo fondo estaban los nichos de los muertos, cada uno cubierto con una lápida de mármol o metal, en que estaban escritos epitafios y poesías con letras de oro, plata y esmalte. Allí durmieron silenciosamente por largo tiempo varias generaciones reunidas, agrupadas, convertidas en polvo.

  "Entre los sepulcros notables, se desprendía un catafalco gótico con sus ventanas ojivas, con agujetas delgadas y primorosas; otro monumento notable fue el que se levantó para guardar la pierna que el General Santa Anna perdió en las calles de Veracruz, combatiendo a los franceses, resto que fue extraído en el siguiente año cuando la revolución sopló en sentido contrario a la fortuna de aquel general; una columna blanca y esbelta se levantaba sobre el sepulcro.

   "El panteón de Santa Paula, por su ubicación, constituía para los vecinos de la capital un amago y un peligro para la salubridad pública; las emanaciones constantes, principalmente del rumbo del Norte, envenenaban el aire que siendo reinante en México, sin duda causaba males de trascendencia. El terreno del cementerio de Santa Paula, con el transcurso del tiempo, con la inmensa cantidad de cadáveres allí sepultados y por la costumbre de poner cal y cisco en los ataúdes, se había transformado en un misto muy poroso y los miasmas se escapaban libremente a través de la tierra infecta y húmeda, volviendo corrupto el aire que bañaba a la capital; el panteón había sido clausurado varias veces, aunque de hecho continuó sirviendo durante muchos años; pero en 1871 se mandó que fuera definitiva la clausura, y que los panteones quedaran solamente al sur, cerrándose también entonces el de Los Ángeles.

  "Desde esta época quedó para siempre abolido en el Distrito Federal el sistema de nichos en los cementerios y panteones, porque la ciencia demostró que los gases que se desprenden de los cadáveres en los nichos no sufren la alteración que los de los sepultados en la tierra, sino que, escapándose por los intersticios se mezclan con el aire o por la ley de capilaridad traspasa los líquidos en los materiales con que se construyen los nichos. Los existentes no fueron destruidos desde luego, sino que se resolvió esperar por lo menos cinco años tiempo que fue aun mayor para el de Santa Paula.

   "Este panteón que se quiso fuese un adorno de la capital, llegó a ser una obra ruinosa, incompleta, no se notaba allí vigilancia ni cuidado, creciendo la yerba en el suelo como en inculto campo; tenía un aspecto de repugnante desolación, desconsolador y repulsivo; la fachada, aunque menos vulgar, daba a una calle sucia, atravesada con una zanja de aguas corrompidas y verdosas. Tal era nuestro panteón principal  hasta hace pocos años, y hoy no queda ya más que escombros, ruinas sobre las cuales van a levantarse edificios y a pasar una calle que ya se está abriendo". (1)

   Pero... ¿estuvieron los restos de Guadalupe Victoria en el Panteón de Santa Paula, según lo informó en una nota el periódico Excélsior? Al parecer no, pues en las biografías consultadas de este personaje, se indica que estuvo enterrado en Perote, Veracruz, lugar en donde murió, luego trasladados sus restos a Puebla para luego ser enviados a México, para la Rotonda de los Hombres Ilustres y de allí pasar a la Columna de la Independencia. Carmen Saucedo Zarco, en una síntesis sobre los restos de los héroes de la Independencia publicada en el portal del INEHRM, no menciona que hayan estado depositados en Santa Paula, en cambio dice que los de Leona Vicario sí estuvieron allí.

   "Guadalupe Victoria, 57 años, criollo. Murió de apoplejía el 21 de marzo de 1843 en el Fuerte de San Carlos en Perote, Veracruz, donde fue enterrado en su capilla. El Diccionario Porrúa señala que en 1863 sus restos fueron trasladados a Puebla por el general Alejandro García, sin embargo, se trataba únicamente de los ojos y la lengua que estaban en la capilla, en 1923, sus restos fueron exhumados de la capilla del Fuerte de Perote y trasladados a la ciudad de México, donde recibieron homenaje tanto militar como en la Cámara de Diputados; se sepultó en la Rotonda de los Hombres Ilustres, en donde fue exhumado en septiembre de 1925 para ser llevado al Monumento a la Independencia". (2)

Fuente:

1.-  Rivera Cambas, Manuel. México pintoresco, artístico y monumental. Tomo II. Imprenta de la Reforma. México, 1882. p.67-70

2.- Saucedo Zarco, Carmen.Apuntes para una historia de los restos mortales de los héroes de la Independencia. Mayo, 2010.

martes, 11 de marzo de 2014

Estela de la Ruta de Hidalgo 1810-1811 número 224. ¡Encontrada!. Ex Hacienda de San Carlos, municipio de Parras de la Fuente, Coahuila.

    Esta vez mi agradecimiento va doble. Gracias a la ayuda de un lector de este espacio, podemos localizar y tenemos ya la documentación de una estela de Cabeza de Águila de la Ruta de Hidalgo más, la número 224 que corresponde a la ex Hacienda de San Carlos, actual ejido de Santa María de la Esperanza, en el municipio de Parras de la Fuente, estado de Coahuila. Y la razón de que sea doble este agradecimiento tiene un sustento, creo fuerte para todos los que gustamos de la historia patria, pues quien localizó la estela fue un italiano. Su nombre lo manifiesta claramente. Me comenta que la estela se encuentra en buenas condiciones y sí, así lo podemos apreciar en las estupendas fotos que me hace llegar para compartirlas con todos aquellos que a Cabezas de Águila: Ruta de Hidalgo 1810-1811.

   El paso de Hidalgo por este rumbo era ya penoso, iba en calidad de rehén, esposado, encadenado y caminando por este clima que comenzaba a ser difícil de soportar, era la víspera de la Semana Santa de 1811, se dice que fue el 3 de abril cuando los rehenes llegaron a la Hacienda de San Lorenzo en el actual municipio de Parras de la Fuente. Apenas 13 días antes habían sido capturados en Acatita de Baján, para el 31 de marzo iban ya por la Hacienda de Anhelo, por lo que, habrá sido el 2 de abril que pasaron por este punto en el que actualmente la hacienda se encuentra en ruinas.

   "El poblamiento en la zona de Parras se inició hacia el año de 1578. Nueva años más tarde, se produjo una colonización más estable. Sin embargo, no fue sino hasta 1598 cuando el capitán Antón Martín Zapata funda Santa María de las Parras, la cual estuvo habitada por indios tlaxcaltecas. Parras perteneció a la jurisdicción de la Nueva Vizcaya hasta que por Cédula Real el 21 de mayo de 1785, se agregó a la provincia de Coahuila, cuya capital era Monclova. la villa de Parras fue elevada a la categoría de ciudad el 11 de enero del año de 1868". (1) Una de las curiosidades que encontramos en Parras es que aquí e instaló la primera fábrica textil de la región, la llamada La Estrella, en 1815.

   Interesante me parece que en la Hacienda de San Carlos sobreviva la placa que, en ocasión del mítico "Año de Hidalgo" se colocó. Esta fue la manera en que Coahuila rindió homenaje al cura Hidalgo, el Padre de la Patria en 1953, año en que se celebró el Bicentenario de su nacimiento. Estas placas son, en buena medida, el antecedente a lo que, 7 años más tarde se creó como la Ruta marcada con las estelas de Cabeza de Águila. Habrá que notar que hay una flecha debajo del año de 1811, año en que pasó por aquí Hidalgo, y la flecha indica el rumbo que seguían.

  Nos quedan más estelas por documentar en el estado de Coahuila, todas ubicadas en zonas desérticas, seguiremos buscando por el Google Earth y su Street Finder, seguiremos a la espera de que personas que por ahí transitan y las encuentran, me (nos) hagan el gran favor de enviar las fotos correspondientes a mi correo: oficina.utt@hotmail.com. Las estelas que me faltan documentar en Coahuila son estas, entra aquí.





Grazie Mille, Antonello!

viernes, 7 de marzo de 2014

Participación de veracruzanos en el inicio de la guerra de Independencia.

   Sabía de que el puerto de San Blas era importante para los insurgentes, al grado de que hasta allá llegó el padre Mercado para controlarlo a favor del movimiento de insurrección. Lo propio haría el generalísimo Morelos con el puerto de Acapulco, pero del otro puerto, el más importante de Nueva España nunca había oído de que hubiera sido escenario de un movimiento a favor de la insurgencia en los primeros años del estallido social. Más concretamente, los hechos ocurrieron el 29 de julio de 1812 y los personajes fueron: Cayetano Pérez, Bartolomé Flores, José Ignacio Murillo, José Evaristo Molina, José Nicasio Arismendi y José Prudencio Silva. Son estos nombres que aparecen en la placa colocada en el Baluarte de Santiago del puerto de Veracruz, colocada durante los festejos del Centenario de 1910, vemos que, efectivamente, en este, el puerto más importante, también se luchó por la libertad de México.

   Y la participación de los veracruzanos no fue solo esta que recuerda la placa, ya antes, en 1808, cuando se pretendió liberar a México y crear una Junta Gubernativa, sucedió que "algo que poco se menciona y debemos recordar es que Diego Leño, Síndico del Ayuntamiento de Xalapa , es considerado al lado de Francisco Primo Verdad como uno de los precursores de la Independencia de México. Las ideas de Diego Leño influyeron grandemente en los integrantes del Ayuntamiento de la ciudad de México, Primo Verdad y Juan Francisco de Azcárate, quienes pretendieron instalar una Junta Gubernativa independiente en la capital de la Nueva España, en 1808, mismo año en que Ignacio Allende estuvo en Xalapa, haciendo promoción de la causa libertaria". (1)

  Y aparece un personaje más, veracruzano también que justo es conocerlo: Antonio Merino. "Merino nació en la nueva Veracruz en 1792 y desde los 17 años fue empleado de un conocido comerciante del puerto llamado Manuel Serapio Calvo. En esta situación Merino conoció a don Ignacio Allende, quien en aquel momento se desempeñaba como comerciante y de acuerdo con el autor, el futuro insurgente bajaba a la costa para arreglar sus negocios con sus homólogos porteños. De esta manera, Merino se entero por casualidad –según él– de los proyectos de independencia. Así las cosas, a partir de ese momento se hizo a la tarea de atraer adeptos a la causa, encontrándolos en dos amigos, empleados de la contaduría de la aduana: Cayetano Pérez y José Evaristo Molina. Los jóvenes insurgentes se reunían en una jacal de palma atrás de la capilla del Cristo en donde planeaban la manera de hacerse de la ciudad a favor de la causa insurgente. Según los datos proporcionados por Merino, el plan se reducía en sustancia a “ganar los corazones del pueblo, seducir al batallón del fijo de Veracruz, la artillería y Castillo de San Juan de Ulúa”, en fin en teoría se lograría todo esto sin derramar una sola gota de sangre, sin embargo la realidad fue otra, pues pasaron más de 15 meses delineando el plan, hasta que alguien se le ocurrió invitar a los miembros de la Compañía Provincial; de este cuerpo militar salieron los traidores que delataron a los jóvenes insurgentes". (2)

  Y Veracruz, a pesar de su lejanía con Guanajuato, lugar donde comenzó el movimiento de insurrección, igual recibió la información del alzamiento y, siendo este el puerto más importante del reino, el temor creció. "Los oficiales reales nunca imaginaron la posibilidad de una guerra civil y menos con la magnitud con que se dio. Por lo tanto, las defensas construidas a lo largo del litoral del Golfo de México tuvieron que hacer un giro de ciento ochenta grados para defender a Veracruz del peligro que ahora venía del interior y no desde los mares. Cuando inició la guerra, los militares de inmediato aseguraron la fortaleza de San Carlos, en Perote, porque en ella se guardaba el principal arsenal del virreinato y el gobierno no descartaba la posibilidad de que Hidalgo intentase apoderarse de ella, tomar el control del camino real, de las poblaciones que cruzaba y atacar el puerto de Veracruz. Sin embargo, las autoridades locales estaban convencidas de que en la intendencia de Veracruz no pasaría nada, todo estaba tranquilo". (3)

   
 Dos años más tarde, Veracruz se volvería escenario de algunos enfrentamientos. "En síntesis, desde septiembre de 1812, toda la intendencia de Veracruz se encontraba inmersa en una verdadera guerra civil y el gobierno de Veracruz perdió todo contacto con sus poblaciones sujetas y con el resto de Nueva España. El puerto solo mantuvo comunicación con Tampico y Tuxpan, hacia el norte, y con Alvarado, Tlacotalpan, Tuxtla y Acayucan, hacia el sur. Todos sus habitantes rodeados de insurgentes, sin poder salir más allá de su entorno por el temor de convertirse en prisioneros de los rebeldes. Nada se sabía de manera oficial de Xalapa, de Córdoba, de Orizaba y de Perote. Solo por "oídas" se decía que todos los pueblos de Veracruz se habían declarado enemigos del gobierno español". (4)

   Bueno, pero ¿y qué fue de los personajes cuyos nombres aparecen en la placa que los recuerda y que se encuentra en el baluarte de Santiago del puerto de Veracruz? "En los primeros días del mes de enero de 1812 fueron apresados Cayetano Pérez, José Evaristo Molina, José Ignacio Murillo, Bartolomé Flores, Ignacio Arismendi y José Prudencia Silva, se salvó Antonio Merino, alertado por el ayudante de la plaza el español José María Mojo. Durante más de cinco meses estuvieron detenidos los insurgente veracruzanos, mientras Merino oculto en algún lugar de los médanos a extramuros tenía la esperanza de que el padre de José Evaristo Molina lograra conseguir el indulto para los condenados. Cosas de la vida, el indulto fue expedido por el virrey, pero debido a presiones de los comerciantes veracruzanos, el convoy que venía de México con el vital documento fue detenido en la hacienda de Santa Fe y la ejecución de los jóvenes se llevó acabo el día miércoles 29 de julio de 1812 a las 5:15 horas cerca de la Escuela Práctica de Artillería y del Baluarte Santiago".

  "El holocausto de los primeros héroes insurgentes fue presenciado por Merino desde lo alto de una torre donde se ocultaba. Al poco tiempo después al tratar de huir hacia Estado Unidos, Merino fue detenido y condenado a muerte, pero fue indultado por el virrey Venegas, y se le conmutó la pena capital por el servicio militar en España, donde permaneció hasta el 13 de junio de 1820, cuando regresó de inmediato a México para unirse a las fuerzas de Agustín de Iturbide". (5)



Fuentes:

1.- Discurso pronunciado por el diputado Leopoldo Torres García, presidente del Congreso de Veracruz, durante la Guardia de Honor. Septiembre 21 de 2009.

2.- Merino, Antonio. La conspiración veracruzana de 1812. Editorial Citlalpétl, Veracruz, 1960. Citado por Rodríguez Zazueta, Miguel. Artículo publicado en La Jornada el 25 de julio de 2013.

3.- Ortiz Escamilla, Juan. Los gobiernos realistas de Veracruz. Revisión histórica de la guerra de Independencia en Veracruz. Juan Ortiz Escamilla, Coordinador. Comisión Estatal del Bicentenario de la Independencia. Xalapa, 2010. p.178

4.- Ibid. p.183

5.- Rodriguez Zazueta, Miguel. Artículo de referencia 2.

lunes, 3 de marzo de 2014

Las estelas de la Ruta de Hidalgo: El caso Coahuila.

   Fue hace cuatro años que comencé este proyecto, que comencé a recorrer la Ruta de Hidalgo luego de estudiarla, en cuanto documento y sitio web que me fue posible durante seis meses. El resultado fue un viaje extraordinario por las más variadas zonas de México, con climas distintos, costumbres diferentes, teniendo siempre la constante de que el entorno era magnífico. Sin lugar a dudas la Ruta de Hidalgo será, dentro de algunos años, una serie de recorridos turísticos culturales y de observación de naturaleza. Esta ruta, según se planteó originalmente, consistió de 260 estelas puestas en otro tanto de sitios a lo largo de once estados del País.

  Guanajuato, Michoacán, Estado de México, Querétaro, Jalisco, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí, Coahuila, Durango y Chihuahua, esto en orden cronológico, a sabiendas de que en Guanajuato, Michoacán y Zacatecas hubo dos entradas. Las estelas se colocaron, de acuerdo al número de ellas por entidad federativa del siguiente modo:


50 en Coahuila.
49 en Estado de México
41 en Michoacán
38 en Guanajuato
20 en Jalisco
18 en Zacatecas
14 en Chihuahua
12 en San Luis Potosí
9  en Durango
8  en Aguascalientes
1  en Querétaro

  Ya en el recorrido, comprobé varias cosas, una de ellas, que en Querétaro se eligió al pueblo de Amealco para colocarla, pero nunca se hizo, no hay ningún testimonio de que se hubiera colocado y nadie sabe de esa Ruta, al decir nadie, me refiero a la gente de la Casa de la Cultura a donde fui a consultar. En cambio, nunca se mencionó de que una de ellas se colocó, al menos en el papel donde se hizo el trazo de la ruta en el INBA de la ciudad de México, en el estado de Nuevo León, justo en el municipio de Mina, correspondiente a la Hacienda de Agua Nueva y está contabilizada dentro de las 50 de Coahuila.

  Otra de las cosas que pude comprobar fue que las ruta fue trazada en base a lo que entonces, 1960 se conocía de ese capítulo de la Historia, pero sin consideraciones tales como la importancia del lugar, menos aun el número de sus habitantes o los hechos ocurridos en el segundo semestre de 1810 y el primero de 1811, simplemente se fue ajustando a una logísitca que era complicada para el año en que se colocaron las estelas. Considerando que fue en los talleres del INBA donde se elaboraron las Cabezas de Águila, que luego se remitieron, quizá vía ferrocarril, al lugar en donde serían colocadas, en ocasiones más que respetar la ruta era tener el modo de hacer llegar la pesada escultura, y delimitar el sitio en donde se levantaría la estela, regularmente en zona de propiedad federal, más específicamente en zona a cargo de la Secretaría de Educación Pública. Es por eso que en las zonas rurales en donde se colocaron la encontramos normalmente junto o dentro de una escuela primaría, en la mayoría de los casos.

   Lo sucedido en Coahuila se vuelve interesante, especialmente por lo que al número corresponde pues, fueron 50 las asignadas. Coahuila se divide en 38 Municipios, de los cuales en 9 fueron escenario de paso del cura Hidalgo, primero en su "huida" hacia los Estados Unidos, luego como rehén de la Corona española rumbo al cadalso en Chihuahua.

   Uso este mapa no con fines políticos sino porque allí vemos los municipios por donde cruza la Ruta de Hidalgo que son los del sur y algunos del sur-este de ese estado: Saltillo, Ramos Arizpe, Castaños, Monclova, General Cepeda, Parras de la Fuente, Viesca, Matamoros y Torreón. Y sucede que es en cuatro de estos municipios en donde hay la mayor concentración de estelas de la Ruta de Hidalgo 1810-1811. Saltillo tiene (recordemos que al decir tiene me refiero a que "tuvo en el papel donde se trazó la ruta original en 1960") 12. Ramos Arizpe 9; Parras de la Fuente y Castaños que tienen 8 cada uno. Suman 37... más aun, el municipio de Saltillo tiene más que el estado de Durango y que el estado de Aguascalientes, y tiene las mismas que el estado de San Luis Potosí. Pero no las conserva todas, hasta donde tengo entendido.

1.- Estela número: 188.- La Ventura, municipio de Saltillo. 27 de febrero. Sí existe.
2.- 189.- Rancho de Jesús María, municipio de Saltillo. 27 de febrero. NO TENGO DATOS
3.- 190.- Hacienda de Encarnación de Guzmán, municipio de Saltillo, fue desaparecida.
4.- 191.- Tanque de Vacas, actual rancho de Gómez Farías, municipio de Saltillo. 27 de febrero. Sí existe, no tiene pedestal.
5.- 192.- Puerto Piñones, municipio de Saltillo. 28 de febrero. NO TENGO DATOS
6.- 193.- Puerto del Carnero, municipio de Saltillo. 1 de marzo. Si existe, aparentemente en buen estado.
7.- 194.- Agua Nueva, municipio de Saltillo. 1 de marzo. Sí existe, sin pedestal, en buen estado.
8.- 195.- Encantada, municipio de Saltillo. 2 de marzo. Sí existe, aparentemente en buen estado.
9.- 196.- Angostura, municipio de Saltillo. 3 de marzo. NO TENGO DATOS
10.- 197.- Hacienda Buenavista, actual Universidad Narro. Municipio de Saltillo. Sí existe
11.- 198.- Saltillo,  actual Unidad Deportiva. 4 de marzo, si existe, está sin pedestal.
12.- 199.- Saltillo, segunda estela en esta ciudad, está desparecida.

  Esto coloca al municipio de Saltillo como el número uno en cuanto a la cantidad de estelas colocadas (o pensadas en colocar allí) de toda la Ruta de Hidalgo, el segundo municipio es también del estado de Coahuila, se trata de Ramos Arizpe:

1.- Estela número 200.- San Nicolás de la Capellanía, actual Ramos Arizpe, 17 de marzo. Sí existe.
2.- 201.- Cuesta de los Rodríguez o del Cabrito, municipio de Ramos Arizpe. Sí existe
3.- 202.- Hacienda de Santa María, municipio de Ramos Arizpe. 17 de marzo. No existe.
4.- 203.- Hacienda de Mesillas, municipio de Ramos Arizpe. 18 de marzo. Al parecer no existe.
5.- 204.- Paredón, municipio de Ramos Arizpe. Sí existe, sin pedestal.
6.- 205.- Hacienda de Anhelo, municipio de Ramos Arizpe. 18 de marzo, no existe.
7.- 216.- Hacienda de Anhelo, municipio de Ramos Arizpe, marzo 31. Cuando venía ya en calidad de rehén rumbo a Cihuahua. Tampoco existe.
8.- 217.- Dos Ríos, municipio de Ramos Arizpe. NO TENGO DATOS
9.- 218.- Pitillal. Municipio de Ramos Arizpe. NO TENGO DATOS.

  Los municipios de Castaños y Parras de la Fuente ocupan el tercero y cuarto lugar en cuanto al número de estelas colocadas... colocadas en el papel, pues, al parecer no todas fueron puestas en el sitio correspondiente, no se sabe si fueron perdidas, robadas o destruidas pero hay algo extraño, algo que no he podido aun documentar. En una ocasión leí que en un sitio llamado Paredón, en Ramos Arizpe, había un "cementerio de Cabezas de Águila". ¿Se habrán quedado todas las correspondientes a ese municipio empacadas allí?

1.- Estela número 206.- El Espinazo, municipio de Castaños. No existe.
2.- 208.- Santa Isabel de la Hoya, actual La Joya, municipio de Castaños. Sí existe.
3.- 209.- Loma del Prendimento, municipio de Castaños, 21 de marzo. No existe.
4.- 210.- Noria de Baján, municipio de Castaños, 22 de marzo. No existe
5.- 211.- Acatita de Baján, municipio de Castaños, sí existe.
6.- 212.- Hacienda Estanque del Marqués, municipio de Castaños. No existe.
7.- 213.- Santa Cecilia del Castaño, actual Castaños, 22 de marzo. Sí existe.
8.- 215.- Norias de Baján, municipio de Castaños. 25 de marzo. Solo existe una en Acatita.

1.- Estela número 224.- San Carlos. Municipio de Parras de la Vega. Sí existe, está en buen estado. El sitio se llama actualmente Ejido de Santa María de la Esperanza.
2.- 225.- Puerto Las Bocas. Municipio de Parras de la Vega. NO TENGO DATOS
3.- 226.- Santa Isabel. Municipio de Parras de la Vega. Sí existe.
4.- 227.- Hacienda de San Lorenzo de las Parras, municipio de Parras de la Vega. Si existe.
5.- 228.- Capillal, municipio de Parras de la Vega. NO TENGO DATOS
6.- 229.- San Isidro, municipio de Parras de la Vega. NO TENGO DATOS
7.- 230.- La Boquilla, municipio de Parras de la Vega. Sí existe.
8.- 231.- Hacienda de la Peña, municipio de Parras de la Vega. Abril 4. NO TENGO DATOS

  Espero que, durante este 2014, haga contacto con Cronistas y gente interesada en la Historia y que me puedan orientar en lo relacionado a las estelas de la Ruta de Hidalgo en el estado de Coahuila. Mi correo: oficina.utt@hotmail.com

  "Al inicio de la Independencia, las fuerzas militares y destacamentos de los presidios se aprestaron a apoyar a los realistas. Mientras, Mariano Jiménez, quien fue comisionado por Ignacio Allende para propagar la rebelión, el 6 de enero de 1811, libró una batalla contra soldados reales al mando del gobernador Antonio Cordero. Días después, Allende e Hidalgo llegaron a Saltillo, nombrando jefes del movimiento a Ignacio Lópe Rayón y José María Liceaga. 

  Royela, tesorero de las cajas reales, el obispo de Porres y el soldado que fingió ser insurgente, Ignacio Eliondo, se conjuraron para aprehender a los caudillos de la Independencia, tendiéndoles una emboscada en Acatita de Baján, al sur de Monclova, de ahí a Parras, luego a Viesca y por último, a Chihuahua, donde fueron fusilados". (1)

Fuente:

1.- Los municipios de Coahuila. Enciclopedia de los Municipios de México. Secretaría de Gobernación. México, 1988. p. 7