viernes, 23 de febrero de 2018

El relato que hace Beltrami sobre Francisco Javier Mina en 1824

  Es entre 1823 y 1824 que llega el primer, digamos, turista al México independiente, el italiano Giacomo Constantino Beltrami. No viene en busca de fortuna, él trae una gran fortuna y su interés, más allá de las minas, es conocer la flora, fauna y costumbres que hay en la nueva nación. Al modo de la época mantiene una abundante comunicación epistolar con la condesa de Albany, (que luego se convertiría en princesa), Luisa de Stolberg-Gedern. De esa abundante correspondencia surgirá el libro Le Mexique

  Es en la carta séptima que encuentro el relato que Beltrami hace sobre la presencia de Francisco Javier Mina, la cual me parece muy interesante, dado que él la va recopilando en pláticas que tiene siete años después de los acontecimiento, lo cual me parece una fuente sumamente importante, razón por la cual lo comparto en esta primera de tres partes:

  Estaba aún en el poder de estos cinco jefes revivir y hacer que triunfase la causa que defendían; pero el celo animaba también, con la discordia sus almas ambiciosas. Apodaca ve el momento favorable, no pierde tiempo, reúne sus fuerzas y hace atacar separadamente á estos jefes que formaban otras tantas potencias distintas. Terán y Rayón capitulan; Osornio traicionado por su segundo Vicente Gómez, cae en poder del enemigo, y Victoria y Guerrero se ocultan en las montañas, el primero hacia el Atlántico, y el segundo hacia el Pacífico.

Las regiones del Norte eran las únicas que se manifestaban en estado de hostilidad y de resistencia: el Bajío era el foco principal de la guerra, como el país cuya riqueza particularmente en géneros, ofrecía más recursos á los dos partidos beligerantes.

La administración civil y militar de los patriotas del Norte, no era más próspera que la de los del Sur. La pobre independencia estaba allí agonizando entre las manos de un sacerdote, y qué sacerdote!

Para pintaros á este padre Torres, seria necesario reunir en un solo cuadro los rasgos todos de los Callejas, de los Llanos, de los Iturbides, de los Bovillas, de los Velverdes y de los Pizarros; y aun así no se conseguiría sino un pequeño bosquejo de su retrato: tenia si no el valor de aquellos, toda su injusticia y su maldad. Habíase hecho fabricar una fortaleza como el tirano de Haití en la cima de una montaña, en donde se refugiaba cuando valerosamente huía del enemigo, y desde donde dictaba sus decretos de pillaje, de incendio, de proscripción, de muerte; sin exceptuar opinión, edad ni sexo: allí era donde mecido y arrullado por bellas en un lecho de rosas, exclamaba ensalzando su GLORIA y su GRANDEZA: Yo soy el jefe de todo el mundo. 

Y como el padrino es por todas partes la misma cosa, en las tinieblas y en la ignorancia fundaba principalmente su reino: no quería para jefes subalternos sino á hombres de la hez del pueblo, los más bárbaros y más groseros; y á tal punto, que se veían obligados á que les leyesen otros las comunicaciones y les firmasen las respuestas que hacían señalar con algún sello ó signo de inteligencia. Todo hombre que hubiese manifestado conocimientos y repugnancia de ejecutar las órdenes crueles ó imbéciles dé este Sultán, se convertía para él en objeto de celo, y su pérdida era casi cierta. Todo, aun el asesinato, eran medios expeditivos empleados por este padre: no toleraba más qué pachas siempre obedientes, con los brazos cruzados sobre el pecho, á sus firmanes, y á su voz. Os he dado dos muestras de las atrocidades de los jefes realistas: he aquí dos también de las de este monfetruo que se llamaba a, sí mismo patriota.

Bajo el solo pretexto de que las poblaciones del Valle de Santiago, Pénjamo y Puruándiro podrían servir de refugio á los realistas, ordena que se destruyan desde sus cimientos: además, no concede más que seis horas de tiempo á sus habitantes para trasportar sus efectos: después de esto, ellos mismos pondrán fuego á sus casas, cada uno á la suya.

Los de Pénjamo piden que al menos se les conceda un término más largo y necesario para el trasporte total de sus efectos, y buscar un abrigo. Cuál será su respuesta? Envía una tropa dé sus verdugos que recorriendo la población como furias, y con antorchas encendidas en las manos, sepultasen en sus cenizas una de las más bellas y ricas poblaciones del Bajío. Notad, condesa, que estas poblaciones se habían manifestado siempre las más inclinadas á la causa patriótica, y que jamás el enemigo había podido entrar en ellas. 

Ahora bien, el enemigo ya no encontró allí habitantes que se le opusiesen. Conoceréis bien que el fin de este monstruo no podía ser otro que gozar desde lo alto de su fortaleza del placer de la destrucción ó de alguna venganza personal, como Nerón desde la altura de su torre se deleitaba, mirando las llamas que devoraban á aquella Roma, que él aborrecía.

Otros pueblos y aldeas sufrieron la misma suerte. Segunda muestra de la inhumanidad del reverendo Padre. Se aproximaba con su tropa a una hacienda. Los habitantes del partido patriota lo creyeron realista y huyeron. Esto basta para que hiciese fusilar un gran número de ellos para castigarlos de una equivocación que merecería recompensa como prueba de su adhesión á la causa de la libertad. Nada fue capaz de hacerlo retroceder, ni las protestas de inocencia de estos infelices, ni las súplicas y lágrimas de sus esposas, de sus hijos, de sus padres y de sus madres.

Bajo los auspicios de esta anarquía, de estas atrocidades, preparaban los realistas un triunfo completo sobre la revolución. Tal era el estado que guardaba la causa de la independencia, cuando el desdichado Mina y su pequeña tropa de héroes vinieron á auxiliarla con sus generosos esfuerzos. Vamos ahora á reunírnosles en la hacienda de las Gallinas, para conducirlos al horroroso teatro de las humanas vicisitudes. Siento que mi pluma se resiste! que querría más bien dejarlos: presiente y predice sin duda la suerte funesta que les aguarda; pero su destino la llama á escribir sus decretos tales cuales han sido fulminados.

Los patriotas que Mina encontró cerca de las Gallinas, se dirigieron en seguida sobre uno de sus ranchos fortificados, después al fuerte del Sombrero, llamado así por la apariencia de la cima en la montaña, sobre que había sido fabricado por los patriotas. Los realistas le llamaban la montaña y fuerte de Comanja. Está á veinte millas al Norte de León, desde donde se distingue perfectamente la ciudad. Este fuerte, otras veces baluarte de la revolución, no es actualmente sino un montón de ruinas.

El ceremonial de poner á los pies del gobierno de la Independencia, sus servicios y los de sus compañeros de armas, fue el primer paso de Mina, cuando llegó al fuerte ante D. Pedro Moreno, que era el comandante, y digno subalterno del Padre Torres. Moreno los aceptó á nombre de su jefe. Un manifiesto anunció este feliz suceso que habría podido alentar el valor de los patriotas, y despertar los temores de los realistas, si Mina se hubiese dirigido á hombres menos celosos que los mexicanos, á jefes menos estúpidos y ambiciosos, más generosos y más patriotas. Dejó descansar por algunos días su tropa en el fuerte del Sombrero; pidió en seguida ir á buscar alguna ocasión de experimentar de nuevo su falange.

Cierto coronel, D. Felipe Castañón, terror de los patriotas de estas provincias, las recorría como un bandido con el hierro y el fuego en las manos, dando muerte á cuantos prisioneros hacía, á pesar de la expresa prohibición del Virrey Apodaca, asesinando aun á las mujeres y a los niños-, porque decía: estas mujeres y estos niños sentían ya el patriotismo.

 Contra este monstruo comenzó Mina á manifestar su valor. Lo encuentra cerca de la hacienda de San Juan de los Llanos, lo combate, derrota sus fuerzas aunque superiores en número y en armamento, y libra á la tierra de esta furia infernal. Los trofeos de la victoria fueron cerca de quinientos hombres muertos y prisioneros, dos piezas de campaña, quinientos fusiles de manufactura inglesa, y una gran cantidad de municiones, de bagajes, y de equipajes militares. Su principal pérdida consistió en el mayor Maylefei-, Suizo, antiguo oficial de dragones, á las órdenes de Napoleón, que más tarde había servido á las cortes de España, y que á los talentos militares reunía, según se dice las más bellas cualidades del espíritu. Lo maravilloso de esta acción fue la metralla enemiga compuesta de pesos duros.

Hizo después una visita á D. Juan de Moncada, aquel conde del Jaral, de quien os hablé en la hacienda de las Gallinas, y en la misma hacienda del Jaral donde es su principal y soberana residencia. El conde no tuvo la política de aguardarlo: huyó con los tres ó cuatrocientos realistas que formaban su escolta regia. Mina no quemó nada, á nadie mató: no hizo más que echarse sobre el dinero que estaba guardado en las bodegas. 

Si otro jefe que no hubiese sido Mina hubiese conquistado al Jaral, del Jaral no existieran quizá sino las ruinas: por otra parte, este dinero se empleaba por el conde (un criollo en ayudar á la tiranía de los españoles.

Multi multa dicunt sobre la suma de plata tomada; pero parece que además de los doblones que á manera de la harina en el molino, se pueden haber deslizado espontáneamente en alguna bolsa, puede evaluarse en doscientos cuarenta, ó doscientos cincuenta mil pesos.

Esto os dará una idea de la pequeña fortuna que los señores españoles hacían en México de una generación á otra; porque el señor conde es hijo de un español, que llegó á México poco más ó menos como una tortuga, llevando consigo toda su casa en su propia persona. Esta suma no era más que una muestra y pequeña de sus riquezas: de manera que recibió el suceso con la mayor indiferencia; quedó también muy satisfecho de Mina por no haber causado mal alguno á la hacienda.

Continuará...

Fuente:

Beltrami, Giacomo Constantino. México, obra escrita en francés. Tomo II. Imprenta de Francisco Frías, Querétaro, 1853, pp. 156-293

martes, 6 de febrero de 2018

Algunos partes del bando realista del Bajío, 1816, 1817

   El pasado 25 de enero presenté el libro Haciendas de Salamanca, en donde doy una visión general de la zona rural del actual municipio. Muchas de ellas fueron creadas en la época virreinal y se vieron acosadas durante la guerra de Independencia, todas fueron saqueadas y muchas de ellas incendiadas, el declive en la producción agrícola fue notorio y para volver a funcionar cabalmente, tuvieron que pasar varias décadas, medio siglo para ser exactos y volver a crecer durante el porfiriato.

  Los partes que ahora comparto dan cuenta del asedio que tuvieron y que regularmente eran tomadas como punto de referencia, de ahí la importancia que gozaron en tiempos pasados.

   El 16 de noviembre de 1816, se reunió la partida que fue a Salamanca. El 17 y 18 se mantuvo la división en Irapuato. El 19 emprendí la marcha para Pueblo Nuevo sin novedad.
   El 20 siguió al rancho de las Estacas, y sobre la marcha destaqué una partida de caballería al cerro de Huanímaro, la que regresó con tres prisioneros. El 21 salí de éste punto para el cerro Colorado en donde se fusiló a un rebelde de la gavilla de Lucas Flores y en la noche hice salir un grueso de la caballería sobre los ranchos de Huipana, Mancera, el Rodeo, y Potrero de la Gavilla, con el objeto de recoger la remonta que se decía tenía en éste punto el sacrílego Torres.
   El 22 antes de amanecer seguí con el resto de la división a Huipana en cuyo tránsito mató la guerrilla un rebelde, y al llegar a éste rancho se reunió la partid que había salido el día anterior trayendo doce prisioneros y 19 caballos.
   El 25 a causa de la mucha lluvia permaneció la división en éste punto, habiéndose fusilado en la tarde 6 rebeldes y aplicándose el castigo de baquetas a otros seis prófugos, una partida de caballería a la hacienda de Pantoja.
  El 24 contramarchó la división al Charco, habiendo destacado una partida de la que se persiguió a algunos rebeldes matando uno y trayendo dos prisioneros.
  El 25 siguió al Valle de Santiago sin cosa que notar.
  El 26 al pueblo de San Gerónimo habiendo sufrido el castigo de baquetas uno que se aprehendió.
  El 27 al rancho el Xoconostle. En la noche mandé cuatro partidas fuertes de caballería al Pueblo Nuevo y ranchos de la Tetilla, Cerro Prieto y los Duranes, con la orden de que aprehendiesen a cuantos hombres encontrasen en las casas y cerros respecto a que nunca aguardaran en ellas a las tropas reales.
  El 28 seguí con el resto de la división para Tetilla, punto que señalé en reunión y se verificó trayendo las partidas que habían salido la noche antes 146 paisanos, entre los que después de haber hecho un riguroso escrutinio solo han podido salir 5 rebeldes que he mandado fusilar y a los restantes después de bien amonestados en los deberes de vasallos se han puesto en libertad.
  El 29 al emprender la marcha para el rancho del Tecolote, se pasaron a dos por las armas de los aprehendidos antes, y se les aplicó el castigo de baqueteas a seis por haber huido de las tropas del rey. En la noche mandé una partida a Salamanca.
  El 30 se ha empleado en recoger con diversas partidas el cerro Blanco, cerro Prieto y demás inmediaciones habiendo ido a encontrarse una de las partidas con las gavillas de Lucas Flores, Calixto Aguirre y otros, la cual se sostuvo y mandó avisar fue batida ésta reunión en los términos que por menor explica el parte separado. En la noche regresó la partida que fue a Salamanca sin novedad.

Dios guarde a V.S. muchos años. Rancho del Tecolote, noviembre 30 de 1816.
Felipe Castrejón.
Sr Comandante General del Ejército del Norte. D. Francisco Orrantía. (1)

   Exmo. Sr. Paso al Superior conocimiento de V.E. el parte original que me ha dirigido con fecha 9 del corriente el Comandante de Armas de la Villa de Salamanca, Teniente Coronel D. Manuel de Iruela Zamora, por el que se impondrá V.E. del buen resultado que tuvo la partida del Capitán Manuel Mayora que salió a sorprender una gavilla de rebeldes el 5 en la noche a la Hacienda de Uruétaro.
   V.E. me dirá para lo sucesivo si los partes de poca cantidad como éste y otros que dirijo omita su remisión para no quitar a V.E. otras atenciones de más consideración.

Dios guarde a V.E. muchos años, Salvatierra. Diciembre 21 de 1816.
Exmo. Sr. Francisco de Orrantía.
Excmo Sr. Virrey Dn. Juan Ruiz de Apodaca.

   A las ocho de la noche del cinco del corriente despaché una partida de infantería y caballería al cargo del capitán D. Manuel Mayora, a la hacienda de Uruétaro y rancho de los Teranes, con objeto de sorprender algunos rebeldes de la Gavilla del titulado capitán Vicente Evaristo y la remonta de éste: a las ocho de la mañana del seis volvió con 5 caballos, 100 reses, y 9 prisioneros de los que he mandado poner en capilla a José Navarreno, Guadalupe Aguilar y Ramón Ávila, que resultaron rebeldes de la gavilla del citado Evaristo por la denuncia que de ellos hubo, y a más por la averiguación verbal que aquí se hizo; y por la que habiendo dado buenos informes, José Cornejo, Ramón Cornejo y Nicolás Zavala los puse en libertad dejando en el calabozo otros 3 de que por separado consulto a V.S. con extensión. Se han rematado en este pueblo 47 reses por el Alcalde D. Soldevilla quien entró en la Tesorería Militar su producto de 280 pesos 4 reales 10 granos, habiendo devuelto las demás a los que acreditaron propiedad, y no tener injerencia en el partido rebelde.
   Los caballos se repartieron en la compañía de Mayora y de Machuca, cuyos soldados remudaron, y el sobrante de igual número remitiré a la hacienda de la Zanja en primera ocasión.
Todo lo que comunico a V.S. para su debido conocimiento.

Dios guarde a V.S. muchos. Salamanca, 9 de diciembre de 1816.
Manuel de Iruela Zamora. 
Sr. Coronel y Comandante General Francisco de Orrantía.

   El 16 de diciembre de 1816 emprendí la marcha de la Hacienda de S. Nicolás para el pueblo de Yuririapúndaro. El 17 seguí al Valle de Santiago pasando por Chilapa en cuyo cerro se presentó la gavilla de Borja que fue perseguida por las guerrillas, logrando matarles 4.
  El 18 continuó la división para el rancho de Valtierra y en el tránsito mandé tres partidas de caballería para que registrasen el cerro del Zapote, en que regularmente se abriga la gavilla de Lucas Flores y otros bárbaros cuyas partidas mataron dos y trajeron un prisionero. El 19 al romper la marcha para el rancho de Copales se pasó un rebelde por las armas habiéndole aplicado el castigo de baquetas a dos prófugos.
  El 20 marché para la hacienda de San Catarina de donde hice salir en la noche una gruesa partida de caballería con el objeto de que al amanecer del día siguiente quedase emboscado en el cerro de Panales, y que aguardase el arribo de la división al Pueblo Nuevo, de cuyo punto había observado otras veces salían con bastante anticipación huyendo para el cerro los de la gavilla de Lucas Flores.
  El 21 salió el resto de la división para el mencionado pueblo Nuevo, habiendo sufrido el castigo de baquetas 4 paisanos que se cogieron huyendo. Conforme nos acercábamos a dicho pueblo mandé pasarse el río Grande una partida de caballería y que continuase por la ribera a buen paso con el fin de cortarles el vado a los que por aquella parte pudiesen huir. En efecto salieron estos indecentes huyendo para el cerro de Panales, de donde les salió la partida emboscada, matándoles 5 en la persecución y tomándoles seis fusiles, algunas lanzas y 26 caballos ensillados. 
  El 22 entró la división en Irapuato, habiendo perseguido en el tránsito la guerrilla algunos rebeldes de la gavilla de Calixto Aguirre, matándoles uno y se ha mantenido en dicho punto hasta el 27 en espera de una partida que mandé a Salamanca por el dinero conseguido a la división.
  El 28 volví a pueblo Nuevo
  El 29 seguí a la hacienda de Pantoja y pasando por el cerro de Peralta fueron perseguidas en dicho cerro las gavillas de Calixto Aguirre y Cruz Arroyo, matándoles 2 y haciéndoles dos prisionero: se les quitaron dos fusiles y 20 caballos.
  El 30 contramarchó la división para el Valle de Santiago, habiéndose fusilado 3 rebeldes de los aprehendidos antes: el 31 vino a la hacienda del Pitahayo y en la noche dispuse fuese sobre el pueblo de Santa Cruz una columna de caballería.

Dios Guarde a V.S. muchos años.
Hacienda del Pitahayo, diciembre 31 de 1816.
Felipe Castañón.
Sr. Comandante General del Ejército del Norte.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Una visión de Miguel Hidalgo de la pluma de Riva Palacio

  Una de las cosas que creo es la gran aportación del Bicentenario, en los montones de publicaciones que hubo en ese 2010, fue la desentronización de los héroes de la Independencia, el que hayan sido bajados de los pedestales de mármol y transformadas sus estatuas de bronce en personas de grandes méritos, sí, pero de carne y hueso, personas con sentimientos “normales”, regulares; personas que trascendieron su momento y su espacio y que los mantenemos en el colectivo nacional. Personas, insisto, de carne y hueso. Todo esto lo digo porque hace poco encontré justo aquella idea más que dorada, propia del romanticismo decimonónico que describe justo un Miguel Hidalgo de bronce, entronizado en su peana de mármol:

 ¿Quién era Hidalgo? ¿de dónde venía? ¿en dónde había nacido? ¿qué hizo hasta el año de 1810? ¿Qué nos importa? Quédese el estéril trabajo de averiguar todos esos pormenores al historiador ó al biógrafo que pretendan enlazar la vida de un héroe con ese vulgar tejido de las cosas comunes. Hidalgo es una ráfaga de luz en nuestra historia, y la luz no tiene más origen que Dios. El rayo, antes de estallar, es nada; pero de esa nada brotó también el mundo. Hidalgo no tiene más que esta descripción: Hidalgo era HIDALGO.

  Nació para el mundo y para la historia la noche del 15 de Septiembre de 1810. Pero en esa noche nació también un pueblo: El hombre y el pueblo fueron gemelos: no más que el hombre debía dar su sangre para conservar la vida del pueblo. Y entonces el pueblo no preguntó al anciano sacerdote: ¿Quién eres? ¿de dónde vienes? ¿cuál es tu raza?

—«Sigúeme»—gritó Hidalgo.
—«Guía»—contestó el pueblo.

  El porvenir era negro como las sombras de la noche en un abismo. Encendióse la antorcha, y su rojiza luz reflejó sobre un mar de bayonetas, y sobre ese mar de bayonetas flotaban el pendón de España y el estandarte del Santo Oficio. Del otro lado estaba la libertad. El hombre anciano y el pueblo niño no vacilaron. Para atravesar aquel océano de peligros, al pueblo le bastaba tener fe y constancia; tarde ó temprano su triunfo era seguro. El hombre necesitaba ser un héroe, casi un dios, su sacrificio era inevitable. Sólo podía iniciar el pensamiento. En aquella empresa, la esperanza sólo era una temeridad. Acometerla era el sublime suicidio del patriota.

  El hombre que tal hizo merece tener altares —los griegos le hubieran colocado entre las constelaciones-. Por eso entre nosotros Hidalgo simboliza la gloria y la virtud. La virtud ciñó su frente con la corona de plata de la vejez. La gloria le rodeó con su aureola de oro. Entonces la eternidad le recibió en sus brazos.

  Hay proyectos inmensos, que por más que el hombre los madure al fuego de la meditación, siempre brotan informes. Porque una inteligencia, una voluntad, un sólo corazón, no pueden desarrollar ese pensamiento. Porque el iniciador arroja nada más el germen que debe fecundarse y brotar y florecer en el cerebro y en el corazón de un pueblo entero. Porque aquel germen debe convertirse en un árbol gigantesco que necesita para vivir de la savia que sólo una nación entera puede darle. Estas son las revoluciones. Germen que se desprende, con la palabra, de la inteligencia del escogido.

  Árbol que cubre con sus ramas á cien generaciones, cuyas raíces están en el pasado, cuya fronda crece siempre con el porvenir. México había olvidado ya, que en un tiempo había sido nación independiente; los hijos oían á sus padres hablar del rey de España, como rey de los padres de sus padres. El hábito de la obediencia era perfecto. Dios había ungido á los reyes; ellos representaban al Altísimo sobre la tierra; el derecho divino era la base de diamante del trono; para llegar á las puertas del cielo era preciso llevar el título de lealtad en el vasallaje; los reyes no eran hombres, eran el eslabón entre Dios y los pueblos; atentar contra los reyes, era atentar contra Dios, por eso la. Majestad era sagrada La obediencia era, pues, una parte de la religión.

  Pero la religión no se circunscribía entonces al consejo y á la amenaza; no eran las penas de la vida futura ni los goces del cielo el premio ó el castigo del pecador, no; entonces la Iglesia dejaba que Dios juzgase y castigase más allá de la tumba, pero ella tenía sobre la tierra sus tribunales. El Santo Oficio velaba por la religión, y la obediencia al rey era parte de la religión. Leyes, costumbres, religión, todo estaba en favor de los reyes. ¿Cómo romper de un sólo golpe aquella muralla de acero?

  La historia de la Independencia de México puede representarse con tres grandes figuras. Hidalgo, el héroe del arrojo y del Valor. Morelos, el genio militar y político. Guerrero, el modelo de la constancia y la abnegación. Quizá ningún hombre haya acometido una empresa más grande con menos elementos que Hidalgo. ¡Ser el primero! ¡ser el primero y en una empresa de tanta magnitud y de tanto peligro! Cuando un hombre se reconcentra en sí mismo, y cuando medita en todo lo que quiere decir «ser el primero,» entonces es cuando comprende la suma de valor y de abnegación que han necesitado poseer los grandes «iniciadores» de las grandes ideas.

  Entonces, al sentir ese desconsolante calosfrío del pavor, que nace, no más, ante la idea del peligro, entonces puede calcularse cuál sería este peligro, entonces se mide la grandeza del espíritu de los héroes. Colón al pretender la unión de un nuevo mundo á la corona de España, tenía la fe de la ciencia y el apoyo de dos monarcas.

  Hidalgo al querer la libertad de México, no contaba más que con la fe del patriotismo. Colón buscó la gloria, Hidalgo el patíbulo; el uno fió su ventura á las encrespadas ondas de un mar desconocido; el otro se entregó á merced del proceloso mar, de un pueblo para él también desconocido. Hidalgo comprendió que la religión fulminaría los rayos del anatema contra su empresa; que el rey lanzaría sobre él sus batallones; que los ricos y los nobles se unirían en su contra; que los plebeyos, espantados, escandalizados, ignorantes, huirían de él; que el confesonario se tornaría en oficina de policía; que el clero y la inquisición no dormirían un solo instante; que la calumnia tronaría contra él en las tribunas, en los púlpitos y en las cátedras; todo lo comprendió, y sin embargo, en un rincón de Guanajuato, en el pueblo de Dolores proclamó la independencia.

  Dolores es, en la geografía, una pequeña ciudad del Estado de Guanajuato. Dolores, en la historia, es la cuna de un pueblo. El pedernal de donde brotó la chispa que debía encender la hoguera. La roca herida por la vara del justo, de donde nació el torrente que ahogó á la tiranía. Al pisar por la primera vez un mexicano aquella tierra de santos recuerdos para la patria, siente latir con más violencia su corazón. Al llegar frente á la modesta casa que ocupaba el patriarca de la independencia; al penetrar en aquellas habitaciones; al encontrarse en la estancia, que en solitarios paseos midió tantas veces el respetable anciano, se siente casi la, necesidad de arrodillarse. Instintivamente los hombres se descubren allí con veneración, y alzan el rostro como buscando el cielo, y las miradas se fijan en aquel techo, en cuyas humildes vigas tuvo mil veces clavados sus ojos el virtuoso sacerdote, mientras la idea de la esclavitud de su patria calcinaba su cerebro.

  ¡Cuántos días de congoja! ¡cuántas noches de insomnio! ¡cuántas horas de tribulación! Aquellos muros guardaron el secreto del héroe, ahogaron los suspiros del hombre, se estremecieron con el grito del caudillo. Aquella pobre casa, tan pequeña, podía con tener en su recinto todo el ejército de Hidalgo en la noche del 15 de Septiembre de 1810. Y sin embargo, con sólo eso se iba á derribar un trono, á libertar un pueblo, á fundar una nación.

  Hernán Cortés fue un gran capitán, porque con un puñado de valientes conquistó el imperio de Moctezuma. Hidalgo, con un puñado también de valientes, proclamó la libertad de ese mismo imperio, por eso fue un héroe. La superstición y la superioridad de las armas aseguraron el triunfo de Cortés. El fanatismo y la superioridad de las armas anunciaron la derrota de Hidalgo. Pero uno y otro triunfaron; Cortés plantó el pendón de Carlos V en el palacio de Moctezuma. Hidalgo murió en la lucha, pero sus soldados arrancaron ese pendón, y México fue libre.

  Hidalgo pasó como un meteoro, y se hundió en la tumba, pero el fulgor que esparció en su rápida carrera, no se extinguió.—Unas cuantas fechas bastan para recordar esa historia cuyos pormenores viven en la memoria de todos. Hidalgo proclamó la independencia el 15 de Septiembre, el '28 del mismo mes entró vencedor en Guanajuato. Triunfó en las Cruces el 29 de Octubre, y en Aculco el 7 de Noviembre. 

  El 30 de Julio ele 1811 moría en Chihuahua en un patíbulo. Para hablar de Hidalgo, para escribir su biografía, sería preciso escribir la historia de la independencia. Débiles para tamaña carga, apenas podemos dedicarle un pequeño homenaje de admiración y gratitud, y creeríamos ofender su memoria, si para honrarle quisiéramos recordar, si fue buen rector de un colegio ó si introdujo el cultivo de la morera. 

  Hidalgo es grande porque concibió un gran proyecto, porque acometió una empresa gigantesca, porque luchó contra el fanatismo religioso qué apoyaba el supuesto derecho del rey de España, contra los hábitos coloniales arraigados con el transcurso de tres siglos contra el poder de la metrópoli que podía poner millares de hombres sobre las armas. Hidalgo es héroe porque comprendió que su empresa se realizaría, pero que él no vería nunca la tierra de promisión.
  
  Hidalgo será siempre en nuestra historia una de las más hermosas figuras, y á medida que el tiempo nos vaya separando más y más de él, se irá destacando más luminosa sobre el cielo de nuestra patria, y para nosotros llegará un día en que su nombre sea una religión.

Vicente Riva Palacio.


Fuente:

Riva Palacio, Vicente. El libro rojo. Tomo II. A. Pola Editor. México, 1905. pp.52-60

sábado, 18 de noviembre de 2017

Garduño: Un sansón insurgente.

   Encuentro un personaje más, de esos no tan conocidos que, de algún modo o de otro, participaron en la Guerra de Independencia en el bando Insurgente, de él sólo aparece su apellido, Garduño, pero no su nombre de pila. El apellido es abundante por el rumbo de El Oro y Temascalcingo, razón por la que no es de extrañarse que su participación haya sido con uno de los Rayón en las inmediaciones de Tlalpuhajua, lugar de residencia de los mencionados personajes, veamos:

 “El muy erudito escritor limeño, don Manuel de Menidburo, en sus Apuntes Históricos publicados por el señor don Ricardo Palma en 1902, refiere que por “una cédula del emperador Carlos V, consta que el conquistador Alonso Díaz hacía escupir las entrañas al indio a quien estrechaba entre sus brazos, y que cuando se le cansaba el caballo lo echaba sobre sus hombros sin despojarlo de arneses. En esa cédula le prohibía el monarca dar abrazos”.

  Muy atrás dejó sus prodigiosas fuerzas al conquistador del Perú, un célebre insurgente, apellidado Garduño, que militó bajo las órdenes de los Rayón durante nuestra guerra de independencia. Amotinados los indios contra el recaudador de tributos en Cuitareo –cuenta un escritor- quiso aplacarlos Garduño, pero se fueron hacia él a pedradas y con una de éstas le tiraron el caballo que montaba. A pie y espada en mano continuó la brega, pero como con otra piedra le desarmaron; acosado por todas partes, no tuvo más recurso que agarrar indios por las piernas y azotarlos contra los otros, hasta matar a muchos y lograr que huyeran todos.

  Por el rumbo del Tlalpujahua, en un sitio llamado Rincón de Zenguio, propusieronse los realista del Regimiento de Tres Villas desmontar a los insurgentes un cañoncito de a cuatro que llevaban y al verlo caer, la infantería intentó apoderarse de la pieza. El general don Ignacio López Rayón, para evitar que tal cosa sucediese, ordenó una tremenda carga de caballería. En las filas de éstas venía Garduño, y cargada como estaba la pieza, hizo que se le echaran al hombro derecho; la alzó en el aire con las dos manos, y con entusiasmo bélico, ordenó: préndale el estopín. En el mismo instante del disparo, aventó la pieza, sacó el cuerpo y el metrallazo hizo huir a los realistas; valiendo a Garduño tan grande hazaña que lo hicieran Alférez, pero quedó medio sordo desde entonces, del oído derecho, como se verá adelante.

  En la hacienda de Tepetongo, a las mulas cerreras que cogía de las patas, las tendía en el suelo como si fueran mansos borreguitos, y las sacaba después jalándolas para fuera de los corrales en que estaban. En otra ocasión, hallábase en un barbecho “mirando reverar sus yuntas”, y como se le acercara un charro, que deseaba conocerle, y le preguntara por dónde quedaba el rancho del señor Garduño, pues le habían contado que tenía muchas fuerzas, le contestó que para que no fuera a perder el tiempo, se lo diría con precisión. Tomó, al efecto, “la punta del timón de un arado, lo apoyó en el antebrazo y codo y alzándolo hasta una altura considerable, le dijo con mucha calma: “en dónde está apuntando el cabo de la mancera, queda el rancho de Garduño, no tontee; y volvió a bajar el arado tranquilamente”.

  Otra vez, en el pueblo de Ixtlahuaca, se hallaba a caballo. A la sazón vino un sirviente que era un ranchero de gran estatura y muy fornido, a llevarle un recado de su amo. Como se ha dicho, Garduño era medio sordo, y no oyendo bien lo que le decía le tomó y alzó por los cabellos. El pobre hombre, adolorido, se agarró con las dos manos de la mano que lo levantaba; más Garduño impasible, se lo acercó al oído derecho y le hizo repetir el recado a gritos, 3 o 4 veces, fingiendo que no lo oía; y le dirigió éstas o parecidas palabras, por vía de contestación:

-“Le dices a tu amo que está muy bien, y no me vuelvas a hablar del lado sordo. ¡Bruto!”


“por el estilo de estos caso –concluye el testigo ocular de los maravillosos portentos de Garduño- hizo otros muchísimos…” como el detener un coche, tomándolo por el eje; subirse por un cable llevándose alzado al caballo que montaba con solo apretar las piernas, cargarse un macho en el pescuezo como si fuera borrego; “montar un toro y dejarlo sofocado; tomar un burro de las dos patas y después de dar con él 2 o 3 vueltas al aire, arrojarlo a 6 u 8 varas; quebrar un pestillo de un puñete, y, en fin, mil cosas asombrosas”.

 ¿No es verdad que el Sansón insurgente deja muy atrás al Hércules conquistador, el de la Cédula de Carlos V?

Fuente:

González Obregón, Luis. Croniquillas de la Nueva España. Botas & Alonso Editores. México. 2005, pp. 179-181

sábado, 14 de octubre de 2017

La independencia en la lejana Baja California

  Cuando volteamos a ver lo ocurrido tiempo atrás, nos damos cuenta de la enorme diferencia de lo que fue y lo que es. Me refiero al territorio nacional que ahora ya con la idea de una barda, un muro que divida una parte de la otra, en aquella parte, la del norte, ocurrió en 1822 que en lugares como California, Nuevo México y Texas, quizá en algunos otros estados, hubo una ceremonia de jura a la nación recién creada, México. El siguiente texto nos cuenta de lo ocurrido en la Alta y Baja California:

 “Ante la proximidad del Bicentenario de inicio de la independencia de México es pertinente referirnos en forma general a los acontecimientos que se dieron en la península de Baja California y en la Alta California, que en ese tiempo tenían una estrecha vinculación política y social. A causa de la lejanía de la región respecto al centro del país, el movimiento tuvo acá pocas repercusiones. Hay noticias aisladas de que se empezó a resentir, a partir de 1810, la falta de pagos a los soldados de la Compañía Residencial del Distrito Norte, ya que no llegaba con la regularidad  de antes el "habilitado" de Loreto, que era el que cubría los sueldos y además entregaba algunos efectos de ropa. En ocasiones hizo crisis al grado de que escasearon severamente los fondos pecuniarios y hasta la ropa más indispensable. De ello da cuenta en forma chusca el licenciado Manuel Clemente Rojo, que conoció a quienes vivieron tales circunstancias, por lo que en sus apuntes históricos, corográficos y estadísticos del Distrito Norte del Territorio de la Baja California, incluye un cuarteto en el que los mismos fronterizos se burlaban de sus desgracias:

El cerro de San Vicente 
Está que se cae de risa
De ver a las vicenteñas
En túnica y sin camisa.

  Salvo esas molestias, no se advertían levantamientos que respaldaran la lucha de independencia que se estaban dando en otras regiones de Nueva España. Así las autoridades subalternas invariablemente rendían a las superiores partes de “sin novedad”.  En ello se reflejó el fuerte influjo de los misioneros, que formaban parte del aparato colonial. Desde otro ángulo, dado el incipiente desarrollo social de la región, no surgieron las  inquietudes que presupone una lucha de insurgencia. Los pobladores eran en su mayoría, gente dedicada a las siembras o a la crianza de ganado, con una preparación muy elemental. Al no haber colegios, faltó el fermento intelectual característico de las rebeldías en esos ambientes.

  Habría que agregar que además de que no hubo un movimiento local de insurgencia, tampoco vino de fuera, por lo que definitivamente las californias quedaron fuera de la llamada “Ruta de la Independencia”, que se circunscribe a los sucesos considerados fundamentales del movimiento.

 Hubo una posibilidad de que llegaran a estas latitudes las fuerzas insurgentes del interior. Se dio cuando Miguel Hidalgo, en diciembre de 1810, estando en Guadalajara, le dio a José María González Hermosillo la encomienda, de que extendiera la rebelión en el noroeste del país. En acatamiento a  ellos, González Hermosillo fue reclutando gente en Tepic, en Magdalena y demás puntos existentes en su trayecto. En Rosario, Sinaloa, tuvo un encuentro con los realistas a los que derrotó, por lo que siguió avanzando hacia el norte. Pero en Santiago Tiaxtla, un poco al norte de Mazatlán, fue contenido por las fuerzas del intendente alejo García Conde, infringiéndole una clara derrota, que lo obligó a regresarse a Guadalajara, junto con sus maltrechas huestes. Eso dio por resultado que el noroeste, es decir, Sinaloa, Sonora, la península de Baja California y la Alta California, prácticamente, estuvieron en paz durante los once años de la lucha de independencia. De cualquier manera, hay documentos que indican que en la Baja California no faltó quien ofreciera lanzas a las autoridades, para defensa de la religión y la patria” o bien que el padre presidente de las misiones las mandó hacer, lo que rebela que no dejaba de haber cierta desazón, aunque de bajo perfil.

 Dentro de ese ambiente de calma general transcurrieron los años y ya avanzada la década en que algunas regiones del centro y sureste del país libraban batallas los insurgentes en las Californias se presentaron unos peculiares factores externos que vendrían a crear situaciones en pro de la independencia. Para entender adecuadamente eso hay que recordar que Inglaterra tuvo bastante intervención –oculta en gran parte- en la preparación, inicio y consumación de la independencia de los pueblos latinoamericanos, con el fin de controlar el comercio y la minería de éstos, desplazando a España. Uno de los medios de que se valió fue la Masonería, que introdujo en todo el continente a través de sus marinos, al extremo de que muchos barcos eran verdaderas “logias flotantes”. Alentó la actividad en los mares de los dominios españoles de individuos que desarrollaban una mezcla difícil de discernir de contrabando, piratería y subversión, ya que a la vez que saqueaban e introducían mercancías ilegalmente en las colonias de España, propagaban en ellas ideas revolucionarias que incitaban a la independencia.

 En medio de esa atmósfera en 1818, el inglés Peter Corney y el francés Hipolito Bouchar en los barcos corsarios Argentina y Santa Rosa con banderas de la Provincia Unida del Río de la Plata, tripulados por marinos de diversas nacionalidades, llegaron a Monterey, alta California y lo saquearon e incendiaron. Poco después, en febrero de 1822, el célebre almirante Lord Cochran, que formó la llamada Escuadra Chilena, envió a la Baja California Independencia y el bergantín Araucano tripulado por ingleses y chilenos en su mayoría, desembarcaron en San José del Cabo y tanto allí como en Todos Santos y Loreto cometieron toda clase de tropelías: saqueos a casas de autoridades y vecinos, robos de las reliquias de las iglesias, destrucción de archivos parroquiales, etcétera.

  La supuesta causa de esas agresiones era de que Baja California se negaba a jurar la independencia de España, lo que curiosamente dio por resultado que se jurara, bajo esa “extraña presión”, como la califica el historiador Pablo Herrera Carrillo, venciendo así la resistencia de los misioneros, que eran , en el fondo los que más se oponían. 

  Para concluir es pertinente comentar que es muy revelador del abandono de la península, de su lejanía del centro del país y de la resistencia de los misioneros, el que habiéndose levantado el acta de independencia en la ciudad de México el 28 de septiembre de 1821, todavía el 17 de julio de 1822, casi diez meses después, un comisionado imperial estuviera promoviendo el juramente de ella en Baja California.

  También cabe reflexionar que en 1822 en que se juró la Independencia en Monterey y San Diego, California, esas poblaciones formaban parte del naciente México, esto es, nacieron a la Independencia siendo mexicanas, y lo que fueron por espacio de un cuarto de siglo, hasta que en 1848 pasaron a poder de Estados Unidos.

Fuente:

1.- Piñera Rmírez, David. El movimiento de independencia en la lejana Baja California. Instituto de Cultura de Baja California, Mexicali, 2010.

jueves, 12 de octubre de 2017

Y si el conde Casa de Rul viviera, ¿qué pensaría?

   Existe un personaje que es conocido más bien por el morbo (quasi interés) que causan los títulos nobiliarios en la Nueva España, su nombre antes de entrar al distinguido y costoso (dado que el título lo tenía que comprar) círculo, se llamaba Diego Rul Calero, una vez casado con acaudalada dama, en 1794 (fecha por corroborar) tiene la posibilidad que, aunado el caudal que acumuló en el comercio y la agricultura al de la esposa, que era la heredera del Conde de Valenciana, por ende la mujer más rica del continente, tiene la posibilidad de adquirir el título de Casa de Rul y manda hacer una casa que más bien era un palacio bajo el diseño del afamado arquitecto Tresguerras.

   Cuando el palacio que erróneamente conocemos como casa del Conde de Rul, pues en algún momento ya en el México independiente con los títulos nobiliarios sin validez se olvidó que el palacio era del Conde de la Casa de Rul y la magnífica construcción que, por cierto, nunca habitó el conde dado que fue muerto en el episodio del Sitio de Cuautla de 1812, alteró la forma de referirse al inmueble y quedó como la casa del conde de Rul, siendo que era el palacio del conde de la Casa de Rul.

   El Diego Rul compró además del título nobiliario el título militar, llegó a ser coronel de Regimiento de Infantería de la Provincia de Valladolid, especial interés tenía en que sus soldados estuvieran siempre bien uniformados, uniformes que él mismo entregaba y que -se dice- eran producidos en su fábrica de Acámbaro. Nacido en Málaga, nuestro personaje en cuanto tuvo la posibilidad de servir a la Corona española lo hizo, por lo que me parece extraordinariamente curioso ver ondeando la bandera francesa justo arriba del escudo del Conde de la Casa de Rul, dado que él, como buen español, especial antipatía profesaba en contra de los franceses dado que España había sido invadida por Francia y derrocado su Rey, Fernando VII, y entronizado el hermano de Napoleón, José Bonaparte al que se le conocía por el mote de Pepe Botella.

   Entiendo muy bien lo que ocurre en nuestros días, a más de doscientos años de distancia de aquella invasión francesa a España, y aquel inicio de la Independencia de México, y las participaciones del Conde Casa de Rul a favor de España... pero, curiosidades de la vida, ahora en su palacio, ondea y ondeará por tres semanas la bandera tricolor que nos recuerda aquello de liberté, egalité, fraternité.

 Habrá que aclarar que en este año de 2017, Francia es el país invitado del Festival Internacional Cervantino y que la delegación francesa estableció para este evento La Casa de Francia en el palacio del Conde Casa de Rul. Para ver el programa del XLV Festival Cervantino, entra aquí.

  Para ver sobre el título del Conde de Casa Rul, entra en este enlace, en la página 209. La referencia del libro es: Ortega y Pérez Gallardo, Ricardo. Estudios genealógicos. Imprenta de E. Dublan, México. 1902.

miércoles, 4 de octubre de 2017

La Feria del Libro en el Año de la Patria, 1960

  A pesar de que en México no se lee, hay una buena cantidad de Ferias especializadas en estos instrumentos de cultura. La de Guadalajara es en la actualidad referente a nivel mundial. En la Ciudad de México año con año se organizan ferias de libro especializado, el que va dirigido al mercado infantil y juvenil, el que va a la antropología, hay una feria también muy importante, la del Palacio de Minería, la de la propia Ciudad de Mexico y en cada estado se organiza, al menos, una feria.

  Siendo 1960, año de los festejos del Sesquicentenario y declarado como Año de la Patria, la VIII Feria del Libro que tuvo lugar justo en ese tiempo, cobró importancia en la difusión de la Historia de México.